La campana de oro

Soy de oro.

Soy de plata.

Soy de cobre también. Repica alegremente.

¿A quien llama en estos parajes apeas habitados? La dulce eufonía de oro, cobre y plata amalgamada en sus ropajes vuelve a doblar.

Es el bordón que se arma y desarma al son metálico de su falda.

Talan, talan.

Tañe a los muertos.

Tañe a los vivos por igual.

Pero los mas, hacen oídos sordos a su llamado.

            Una tarde de agosto día trece para no ser menos. La Pachamama despertó encolerizada, derrumba casas. Iglesias, palacios de gobierno.

            Como llena de espanto la campana enloquecida a las miles de almas que elevan a Dios sus plegarias, mientras una multitud va ascendiendo al cielo sin regreso.

            Cae a la tierra la cascabelera de una tonelada y corren los moribundos para esconderla de manos ajenas. Entre la polvareda, los ayes cunden por doquier.

            El mar embravecido lanza sus brazos recogiendo vidas y escombros. Después de breves espasmos, todo queda en calma. 

            En el ocaso arden las almas extraviadas. La campana ya no llama a la oración.

            Sepultada lanza sus destellos y su silencioso tañer se escucha lastimero.

            Luminosos reverberos dicen que corrían en tropel de izquierda a derecha en las noches sin luna.

            Pallero cuentan los que saben la historia, habitó en sus dominios y una noche pesarosa salió al patio a meditar sus miserias. Cerró os ojos, y al abrirlos vio un espléndido centelleo y creyó escuchar unas voces como campanadas que repetían:

            !Estoy aquí para ti¡

            !Desentiérrame¡

            !Ponme en una torre¡ 

            El Don dinero mal consejero, con voz meliflua le hablo de riquezas mal habidas y cuando iban a entregarla a un destino fuera de sus tierras, Dios acudió en su auxilio.

            La llevaron como un invaluable tesoro a la capital, pero de ella siguió replicando dolorosa y melancólica por las noches. Tan profundo y lastimero, que no hubo nadie quien pudiera escapar de su llmado.

            Una mañana, don Ricardo y otros principales se reunieron para aunar fuerzas y traerla de vuelta a su terruño.                       

            Hoy yace en el atrio de la catedral.

            Por las noches cruje el piso y se escucha su canto con aromas de epifanías.

La campana de la iglesia de la inmaculada Concepción. Cuando ocurrió el terremoto de 1868, se desplomó el templo que estaba encalle Baquedano, con Yungay, que lucia en su torre una magnifica campana de una tonelada, con al inscripción en la banda inferior: “N.R.S.A. De la Concepción ora pronobys. La mandó a hacer D. Pedro Belarde”. Tiempos mas tarde, Manuel Pallero, al hacer unas excavaciones la descubrió y decidió hacer tratos con un ingles para venderla, pero fueron sorprendidos por la guardia y la campana fue rescatada. En 1933 la trasladaron al banco central de Chile.  Luego Don Ricardo Castro y otros , logran su traslado a la catedral de Arica donde permanece al lado derecho de la entrada. El último análisis de su composición da un 66,5 de cobre,  0,027 de plata y 0,003 de oro, desmitificando el predominio de oro, entregado por un laboratorio de Alemania.

Johnny Flores

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